domingo, 11 de enero de 2015

Para que no nos confundan los Islamistas ignorantes

*Por Ángel Rico
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Este “Off the record” lo he escrito en París, en la cafetería del Hotel Crowne Plaza París République, esperando que lleguen las 15h00 en la que dará inicio la “Marcha por la República” para manifestar la oposición de la ciudadanía a la barbarie terrorista del Islamismo. Y, en ese hecho, el de –manifestar la repulsa por los resultados del Islamismo—he encontrado la excusa para este artículo. Dicen los medios que “muchas de las grandes organizaciones mundiales enviarán a sus representantes a la misma marcha en la que participará, un servidor”. Surgiéndome una pregunta: --¿No es una hipocresía que representantes de la Liga Árabe, la ONU, el Presidente de Turquía, incluso de la Autoridad Palestina, (Mahmud Abbas) participen en esta marcha?--
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La realidad de los hechos, es una consecuencia de la desinformación de Occidente en relación con el mundo musulmán, en general, y el Islamismo, en particular. El desconocimiento autoimpuesto por la ciudadanía y, una gran parte, de la clase política, han servido para "incubar los huevos de la serpiente", que ahora (hoy) asusta a millones de ciudadanos que, hasta ayer, vivían en la felicidad que da no querer darse cuenta de que las cosas son como son.
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Y ¿Cómo son las cosas? Se estará preguntando usted, respetado lector. Trataré de explicarme: --en el Islam, no  se puede discernir entre lo religioso y lo jurídico porque se trata de dos conceptos que están, inexorablemente, unidos en un marco más amplio de sumisión (Islam, en árabe)  a Dios. De ahí que el Derecho Islámico se pueda definir como la aplicación a los hombres de la ley de Dios, la conocida Sharía, con la que Alá traza el camino correcto que se debe seguir. Por ese motivo, es necesario tener unas nociones mínimas sobre esta religión antes de comenzar a ver su ordenamiento jurídico. Es decir, ninguna Ley aprobada por los hombres está, para un musulmán, por encima de la Ley de Dios.
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Cuando en estos días hemos escuchado, por ejemplo, al portavoz de la “Gran Mezquita de Madrid” (lo de grande, para diferenciarla de los cientos de mezquitas existentes en almacenes de polígonos industriales de la comunidad madrileña) decía que: --El Islam es una religión de paz--, o mentía, o es un indocumentado, o ambas cosas a la vez. A diferencia de otras religiones monoteístas, donde es preciso algún tipo de estudios de teología o religiosos, para dirigir o asesorar a los fieles, en el Islamismo, no. El imán es quien dirige la oración (Salat o Azalá) en las mezquitas u oratorios y no requiere para ello de ninguna formación específica; simplemente, es elegido por su propia comunidad de fieles. Por lo que, con frecuencia, personas indocumentadas, con una excasísima formación cultural, con nada de conocimientos de Humanismo, de Derecho, ni de Filosofía, son quienes enseñan a los fieles que van a las mezquitas a orar que: --nada puede contradecir al Corán, ni a la Sharía--Y que, para aquellos musulmanes, que influidos por la educación occidental, quisieran renegar de esta religión para convertirse a otro credo, se considerará apostasía (Ridda) y es uno de los peores delitos que puede cometer un musulmán. El Corán (2, 217) condena a los apóstatas a morar “en el fuego eternamente” pero la Sharía va más allá y los castiga con la pena de muerte. Todos los seres humanos tienen la obligación de creer en Dios y ninguno podrá reclamarse agnóstico, ateo o animista (pecados muy graves); reafirmando que “el Islam es la religión indiscutible”
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La Sharía no es un código impreso que podamos comprar en una librería, sino ese conjunto de prescripciones que se fueron estableciendo a partir de las fuentes islámicas, basada en el propio Corán y que los ulemas interpretan, ajustando a cada caso sus dictámenes,  a requerimiento de una persona sobre cualquier tipo de asunto (doméstico o de organización de la vida política). Como en las leyes islámicas no hay jurisprudencia (al estilo occidental) la analogía es una técnica habitual utilizada en Islam más tradicional, por personas que desconocen la Historia y otros tipos de Derecho comparado.
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Resulta difícil de entender en pleno siglo XXI que, la misma civilización musulmana que nos había legado el álgebra, la geometría analítica, la numeración decimal, los logaritmos, las novelas, la guitarra, la cirugía o la rotación de la tierra sobre su eje, se nos presente como un elemento peligroso para la convivencia en Occidente, por  una sociedad que no concebía el Islam tan sólo como una religión sino como un sistema político y de gobierno que, aún conviviendo en países occidentales, se apartan  de los hábitos y normas que consideran ajenas, defendiendo su tradición y sus costumbres, como modelo de su orden social y moral.
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El Islamismo no acepta los principios y valores occidentales, con todas sus consecuencias: soberanía nacional, división de poderes, libertad religiosa, igualdad entre hombres y mujeres, derecho a la vida y a la integridad física o moral, separación Religión-Estado. Elementos que son incompatibles  con la ley islámica de obligado cumplimiento para los musulmanes. El pensamiento islámico contradice los Derechos Humanos reconocidos internacionalmente, porque “todos los derechos y deberes son otorgados por Alá”; es decir, porque tienen un origen divino y, por lo tanto, no son inherentes al ser humano.  “Ningún individuo, familia, clase o raza puede ponerse por encima de Dios. Sólo Dios es el legislador y sus mandamientos constituyen la ley del Islam”.
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No debemos olvidar que el Corán establece que “los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos sobre otros” (4, 34); en la práctica, esta desigualdad se manifiesta en numerosos momentos de la vida: un musulmán puede casarse con una “infiel” pero, en cambio, una mujer musulmana sólo puede contraer matrimonio con un hombre que también profese esta religión; el varón puede tener varias esposas (admite la poliginia) pero la mujer sólo puede casarse con un marido (no permite la poliandria); en una herencia, los hijos masculinos heredan dos veces más que sus hermanas; y, en un juicio, el testimonio de una mujer como testigo no equivale al de un hombre; etc. Por ello, no podemos seguir pretendiendo que es posible separar las acciones de los ideales que las inspiran.
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En el Islamismo toda la regulación legal  gira en torno a la expresión “de acuerdo con lo estipulado en la Sharía”. La educación de los hijos, la capacidad legal, la libertad de circulación, el derecho a la propiedad, la libertad de expresión, etc. dependen de que se contradigan los principios de la ley islámica, lo que pone de manifiesto que no se distingue entre lo religioso y lo jurídico (penal, civil, mercantil, etc.). “No es posible suprimir una vida si no es a exigencias de la Sharía”; abriendo la posibilidad de infligir castigos físicos o de ejecutar a ciudadanos cuando la Ley Islámica prescriba duros castigos físicos –e incluso la muerte– para delitos considerados graves como el adulterio, la apostasía o la ofensa a la dignidad de Mahoma.
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Porque considero que, es primordial que el ser humano tenga la capacidad de utilizar el Líbre Albedrío, para pensar, para leer, para creer o no creer, incluso para equivocarse; porque considero que no es bueno para Occidente que nos confundan los Islamistas diciéndonos que: --el Islam es lo que no es, y otorga libertades que no otorga--, estoy aquí para manifestarme por unos derechos que, muchísimos musulmanes y, principalmente, musulmanas, no saben que tienen. Para un Sefardí, como un servidor,  estar aquí, --en París-- es un homenaje al judío Maimónides y al musulman, Averroes, quien dijo: --El conocimiento es la conformidad del intelecto--. ¡Vamos allá!
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…He dicho!
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*Es Presidente del Instituto Hispano Luso
(Con el máximo agradecimiento al Profesor Cárlos Pérez Vaquero, con cuyos estudios sobre el Islamismo nos ilustra)

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