lunes, 28 de diciembre de 2015

A Ciudadanos, como a la gaseosa, se le acabó el gas

*Por Ángel Rico
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La Historia nos recuerda que: --En la Antigua Roma existía la costumbre de que, cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, un propio, situado tras él se encargaba de repetirle “Memento mori” (recuerda que eres moral) para que el líder no olvidase las limitaciones de la naturaleza humana, e impedirle caer en la soberbia;  por ello, una y otra vez, le recordaba “...Respice post te!, … Hominen te esse memento!” (¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre, y no un dios)--. En la pasada campaña electoral Albert Rivera, líder (adalid, guía, dirigente, cabecilla, paladín, gobernador, es decir, todo) de Ciudadanos, no contó con ningún propio que, con lealtad, le repitiese “Albert, memento mori”.
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Rivera, llegó al imaginario colectivo porque en el Parlamento de Cataluña, durante la pasada legislatura, fue capaz de decir –y decirlo en español—lo que el PP, nunca se había atrevido a decir, a saber: --España, nadie está por encima de la Constitución y, todos somos iguales ante la Ley--. Cuando, tras los exitosos resultados de las elecciones autonómicas de Cataluña, en la intervención para la prensa del líder, y los seguidores de Ciudadanos se atrevieron a cantar “yo soy español, español, español” los españoles del resto del territorio nacional pensaron “este es de los nuestros”, y podrá contar con nuestro voto en las elecciones generales.
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Ese espíritu renovador y fresco, fue lo que hizo que el partido Ciudadanos subiese en las diferentes –y manipuladas-- encuestas sociológicas, realizadas para dirigir la predisposición de un electorado que ha delegado su capacidad de pensar, analizar y decidir, en la televisión. Y, ahí, en ese momento, fue cuando Albert se contaminó de soberbia, evidenciando que Francisco de Quevedo, tenía razón cuando escribió: --“Más fácil es hablar contra la soberbia que vencerla”--, y henchido de la petulancia del novato, Rivera llegó a pensar que él podría ser el elegido para gobernar España.
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La pedantería de Rivera, y las falsas expectativas, le llevaron a situarse equidistante, entre todas las propuestas políticas, sin definirse por ninguna, y sin aclarar qué cuestiones de su programa electoral, mediante el compromiso específico, podría suponer que, llegado el caso, Ciudadanos apoyase a un gobierno del PSOE o del PP. Esa indefinición, supuso que la primera euforia del electorado potencial, se fuese perdiendo, por el mismo efecto que las gaseosas pierden el gas: --por la efervescencia--. Rivera, olvidó que sus votantes potenciales, no vendrían del planeta Marte, sino que en el pasado, habrían apoyado al PP, al PSOE, o a UPyD y ahora de forma prestada, dirigirían su simpatía al partido que cantaba en Cataluña –yo soy español, español--, por tanto pidieron algo más de definición y coherencia --¡que no era mucho pedir!—  Ya lo dijo Bertrand Russell: --“Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar”--
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Otro de los hándicaps de Ciudadanos ha sido la falta de banquillo, y la escasa solidez de sus principios; como quedo demostrado en el recurrente sometimiento a los medios informativos, mediante la “bilocación” (fenómeno paranomal que permite estar en dos lugares distintos, al mismo tiempo) de Albert Rivera, desconociendo que la capitulación a la televisión produce el mismo efecto que los antibióticos, --que llega un momento que se vuelven en contra de quien los usa— le llevaron a ir de error en error. Los desconocidos candidatos de la mayoría de las circunscripciones, suponían un caos en la divulgación del programa electoral. Y al comparar a distintos representantes de Ciudadanos, como: --Begoña Villacís (permanentemente encantada de haberse conocido); Ignacio Aguado; Juan Marín, Antonio López, Carolina Punset o Inés Arrimadas--, los electores se preguntan ¿quién representa el alma de Ciudadanos? Rivera debería recordar aquello que dijo, Alfredo Di Stéfano: --“Ningún jugador es tan bueno, como todos juntos”--, y actuar en consecuencia.
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Cuando, Marta Rivera de la Cruz, número tres de la candidatura ciudadana por Madrid dijo –en relación a los malos tratos en el seno familiar-- algo que la mayoría de los españoles defienden y que, además, está recogido en el artículo 14 de la Constitución: --Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social--  “que la agresión de la mujer al marido, debería tener la misma consideración y pena, que la agresión del marido a la mujer”, --tras la airada reacción del lobby feminista--, la cúpula de Ciudadanos dejó a Rivera de la Cruz, en la más absoluta soledad. Y los potenciales votantes pensaron: --si en una cuestión de principios y de Igualdad, responden con tan insultante tibieza, qué ocurrirá cuando se trate de asuntos que afecten a otros derechos, como la Libertad o la propiedad-. Así, --errorcito a errorcito--, las expectativas electorales se fueron circunscribiendo a cuatro decenas de diputados que, siendo importante, dejan a Ciudadanos en el terreno de la irrelevancia política en la presente y, previsiblemente,  corta legislatura.
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El interés por agradar a los telepredicadores y su, innecesario, colegueo con los animadores  de “Cuatro televisión” y “LaSexta” le hizo olvidar, a Rivera, que los votantes serios quieren principios, no espectáculo. Su interés en imitar, televisivamente, a Pablo Iglesias, (que a diferencia de Ciudadanos, es un producto –Podemos— concebido, parido y alimentado por Atresmedia y por Mediaset—) demostró la carencia de cuaderno de ruta propio. Quién fuera defensor de Ciudadanos, Federico Jiménez Losantos,  llegó a calificar a Rivera como --“el primo pijo de Pablo Iglesias, en lugar de la alternativa a Rajoy”-- algo que, con otros calificativos menos singulares, le dijeron los 1,5 millones más de votantes, que Ciudadanos habría tenido si hubiese mantenido un mensaje claro y unos principios invariables  y coherentes hasta el final.
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En los partidos políticos establecidos (establishment), como en los recién llegados, es imperativo contar con un “departamento de control de calidad” que, con valentía y lealtad, le diga al líder “Memento mori”. En caso contrario, el veneno de la soberbia, les hará cometer los mismos errores de los partidos viejos, que fueron –los errores--  los que hicieron necesario el nacimiento de partidos políticos nuevos.
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Además de leer los informes y contra-informes de Garicano, a Albert Rivera le convendría leer a Voltaire que, entre otras cosas, escribió: --“Las personas inteligentes aprenden de la experiencia de los demás”— por lo que se ha visto, Rivera, no ha aprendido en el ejemplo ajeno, de color magenta, sin ir mas lejos.
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…He dicho!
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*Es Presidente del Instituto Hispano Luso

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