jueves, 24 de noviembre de 2011

En política, hechos son amores y no buenas razones

*Por Ángel Rico

“La ambición embriaga más que la gloria” Marcel Proust. Los últimos resultados electorales han creado una marejada de actuaciones que está mostrando a los políticos con su verdadera realidad, revelando la fortaleza de sus principios. Después de que el Pueblo hablara en las urnas aparece la verdadera personalidad de los políticos, que hasta ese momento se encontraba oculta tras la apariencia de unos candidatos a quienes les preocupan el bien de los electores.

Como en todo proceso electoral, unos ganan y otros pierden. Ese es el principio básico de la Democracia. Donde unos partidos políticos reciben más apoyo de los electores que otros. Todo el proceso electoral está regulado por unos mecanismos contractuales de participación directa o indirecta que les confieren legitimidad a los representantes que se eligen. En España, el soporte legal son la Constitución y la Ley Electoral.

En distintas tertulias radiofónicas, se criticaba como injusto el sistema D’hondt, utilizado en España, para otorgar el número de diputados que, proporcionalmente, le corresponde a cada candidatura de las presentadas por cada circunscripción. Yo, considero el “Sistema D`hondt” como el menos malo de los sistemas posibles para repartir, matemáticamente, los diputados en liza por cada circunscripción electoral.

La experiencia nacional nos demuestra, que cuando ningún partido político consiguió la mayoría absoluta para desarrollar su programa electoral, debiendo pactar con los partidos minoritarios para sacar adelante las leyes, el resultado fue malo para los españoles, en general, y para España, en particular. Por tanto, yo defiendo la circunscripción única, en todo el territorio nacional como lo mejor para nosotros, el Pueblo. Por tanto sugiero que, para ello, habrá que empezar a cambiar la Constitución (el artículo 68) y la Ley Electoral.

Pero mientras las leyes se cambian, habrá que cumplir con las que están en vigor. Y las que hay en vigor dicen, que los votos emitidos a partidos políticos que no se traducen en obtención de diputados, se pierden. Por ello, aquellos partidos políticos que se presentan en circunscripciones donde saben que no obtendrán ningún diputado, no tienen argumentos para lloriquear por los votos que resultaron inútiles.

La ley es la ley, y el Reglamento del Congreso de los Diputados, dice en su Artículo 23.1. “Los Diputados, en número no inferior a quince, podrán constituirse en Grupo Parlamentario. Podrán también constituirse en Grupo Parlamentario los Diputados de una o varias formaciones políticas que, aun sin reunir dicho mínimo, hubieren obtenido un número de escaños no inferior a cinco y, al menos, el 15 por 100 de los votos correspondientes a las circunscripciones en que hubieren presentado candidatura o el 5 por 100 de los emitidos en el conjunto de la Nación”. Por tanto, quienes no hayan obtenido el 5 por 100, no tendrán derecho a constituirse en Grupo Parlamentario y, claro, aquí es donde aparece Groucho Marx, cuando dijo aquello de: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”

Tenemos conocimiento de que UPyD, que presumía en campaña electoral, de defender una “Justicia independiente y eficaz” y “la regeneración democrática” ahora pide que, tras saltarse la legislación en vigor, la Mesa del Congreso de los Diputados les otorgue graciosamente el favor de disponer de Grupo Parlamentario propio. Vamos, como si un opositor o estudiante universitario, que en un examen no obtuviese la nota suficiente, un 4,69 por ejemplo, solicitase que el tribunal o el profesor de la materia examinada, le subiese la nota --“porque ellos lo merecen”-- y de no conseguirlo, que otro alumno que hubiese obtenido como nota un 8, les prestase un punto, para que la nota que colocaba al hipotético mal alumno, en el grupo de suspendidos, pasase al grupo de aprobados.

Esas hipótesis, no serían una chapuza, serían ilegalidades. Y quien admite una ilegalidad por 0,31 décimas, acabará admitiendo –si es en beneficio propio—cualquiera otra posible ilegalidad. Lo que nos recuerda a, Leo Tolstoi, cuando dijo: “Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de esos principios”.

Ese es el escenario al que se enfrenta UPyD, ser fiel a la máxima de: “la Ley está para ser cumplida” ó, “si nos beneficia, directa o indirectamente, no tiene importancia que se incumpla” porque –nosotros nos merecemos tal excepción--.

Lo que nos trae a colación aquello de: “La grandeza de un hombre (o de un partido político) está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral” (J.F. Kennedy)

Veamos hasta donde, cada cual, están dispuestos a llegar con su ejemplo moral.

…He dicho!

*Es Presidente del Instituto Hispano Luso

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