domingo, 25 de marzo de 2012

Mourinho

*Por Ángel Rico
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Le confesaré a usted, respetado lector, que a mí Mourinho me cae bien, no tanto por la audacia de sus tácticas futbolísticas, que me traen al pairo, cuanto por su forma de comunicar. Esa comunicación marcada por la melancolía fadista (derivada del fado) que tanto irrita me resulta interesante. Y algo de particular debe tener Mourinho y sus palabras que, no solo, requiere la atención mayoritaria de los periodistas deportivos, sino también de los editorialistas, llamémosles, serios.
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Los profesionales que se encargan de hablar (no solo informar) de cuestiones futbolísticas, en su mayoría, no se caracterizan por ser lectores del “María Moliner”, de ahí que no sean capaces de hilvanar correctamente, y al mismo tiempo, un sujeto, verbo y predicado. A los ejemplos me remito. Pero esos mismos profesionales se permiten “instruir, acusar y sentenciar” a este entrenador por las palabras que utiliza, por los gestos que escenifica y, también, por los silencios que maneja. Lo que resulta paradójico y un tanto insultante a la inteligencia de los lectores.
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Mourinho se caracteriza por decir públicamente lo que muchos piensan (pensamos) y tiene Derecho a expresar todo aquello que considere oportuno, sobre los árbitros, sobre la prensa, sobre estas o aquellas actuaciones arbitrarias o administrativas. Su Libertad de Expresión está amparada por el artículo 20 de la Constitución. El mismo artículo que permite a los periodistas, incluso a los que no saben expresar con acierto gramático, las críticas contra Mourinho.
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La sociedad española aceptó con resignación que la UEFA, sancionase en el pasado a Mourinho por una opinión emitida por el portugués sobre este organismo deportivo, que no se caracteriza precisamente, por ser ni democrático, ni justo. Incomprensiblemente el Consejo Superior de Deportes español no presentó ningún recurso, de oficio, por aquella sanción por ejercer el Derecho a la Libertad de Expresión.
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Tras el dictamen del Tribunal Supremo que dejó claro que la expresión, emitida por un diputado nacional separatista catalán de: “—muerte al Borbón” había que situarla en el derecho del separatista a la Libertad de Expresión, si yo fuese Mourinho (que evidentemente no lo soy) me presentaría en la próxima rueda de prensa, diría lo que considerase conveniente, mostraría el artículo 20 de la Constitución Española y argumentaría: “--Sí ¿Qué pasa?”
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Porque en ese: “—Sí, ¿Qué pasa?” está el quid de la cuestión. Si creemos en la Libertad de Expresión, debemos aceptar que todos, incluso el melancólico entrenador portugués, tiene los mismos derechos a opinar si cree que “les han robado”, del mismo modo que los periodistas del “Mundo deportivo” ó el “Sport” a opinar que es un mal entrenador.
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Los poderes públicos del Estado en general, y del Deporte, en particular, tienen que velar porque en España la Igualdad sea un hecho, pero no solo en relación con la sociedad, la mujer, o los homosexuales, sino a la hora de poder emitir una expresión, sin temor a que un organismo deportivo te sancione sin poder ejercer durante varios partidos, como entrenador o jugador.
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Lo que crea “alarma social” no es que un entrenador opine, que un árbitro es malo, incompetente e injusto cuando, además, ese árbitro actuó mal, de forma injusta con su equipo, mostrando su incompetencia; tampoco que opine que la UEFA sancionó de forma distinta, actuaciones iguales; ni que la Real Federación Española de Futbol (con t) sea especialmente injusta, con el equipo de Mourinho; lo que crea “alarma social” es que Arturo Mas incumpla la Ley de Banderas, y que opine que Cataluña no es parte del Estado español y por eso pida una Hacienda catalana, distinta de la Hacienda Pública del Estado, como base de un “Estado propio” para Cataluña. Lo que procede no es sancionar a Mourinho por utilizar su Derecho a expresarse líbremente, sino aplicar, ante la deslealtad del gobierno catalán, el artículo 155 de la Constitución que dice: “--1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general—“
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Hay incumplimientos evidentes de la Constitución Española por el Gobierno autónomo de Cataluña, hay competentes abogados del Estado, el partido del Gobierno tiene mayoría absoluta en el Senado y hay mucha expectación por la sociedad española, veamos como se actúa al respecto.
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Mourinho no tiene menos derechos, por ser portugués, ni Arturo Más tiene más derechos por ser catalán. Todos somos, teóricamente, iguales ante la Ley. De no ser así tendríamos que recordar a George Bernand Shaw, cuando dijo: “Cuando un hombre quiere matar a un tigre, lo llama deporte; cuando es el tigre quien quiere matarle a él, lo llama ferocidad”. Saque usted, respetado lector, sus propias conclusiones.
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…He dicho!
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*Es Presidente del Instituto Hispano Luso

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